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The Pogues celebra su historia en el 20 aniversario de Riot Fest

Writer: Conexión 312
Conexión 312
Sep 19, 2025
3 min read

Updated: Jul 29

La banda regresó a Estados Unidos después de 13 años

Foto: Rachel Zyzda/Riot Fest
Foto: Rachel Zyzda/Riot Fest

Riot Fest abrió sus puertas en Douglass Park con una edición marcada por la memoria. El festival celebró su 20 aniversario con una programación pensada para mirar hacia distintas generaciones de la música alternativa, y dentro de ese contexto, la reunión de The Pogues ocupó un lugar especial.


La banda irlandesa-británica llegó como co-headliner de una jornada que también tuvo nombres de mayor arrastre masivo, pero su presentación tuvo un valor histórico propio. Para The Pogues, el concierto significó su regreso a escenarios estadounidenses después de 13 años, una reaparición cargada de simbolismo para una agrupación que ayudó a redefinir el cruce entre folk celta, punk y canción de taberna.


El set estuvo atravesado por la ausencia de Shane MacGowan, figura central en la identidad de la banda y una de las voces más singulares de la música popular británica e irlandesa. Sin él, el concierto no podía ser una simple reconstrucción del pasado. Fue, más bien, una forma de mantener la obra en movimiento, con Spider Stacy asumiendo el micrófono principal y guiando a la banda desde un lugar de respeto y continuidad.


Junto a Stacy estuvieron miembros originales como James Fearnley y Jem Finer, además de integrantes recientes e invitados que ayudaron a sostener las partes vocales. Esa combinación evitó que el show se sintiera como una imitación de otra época. The Pogues no intentó reemplazar a MacGowan, sino rodear sus canciones con una energía comunitaria, casi de brindis colectivo.


El centro de la presentación fue Rum Sodomy & the Lash, álbum fundamental de 1985 que cumplió 40 años. La banda recorrió el material con la fuerza áspera y celebratoria que lo convirtió en una referencia del folk punk. Canciones como “A Pair of Brown Eyes”, “The Old Main Drag”, “Dirty Old Town” y “Sally MacLennane” funcionaron como puntos de encuentro entre la nostalgia, la fiesta y la melancolía.


En Douglass Park, el público no fue necesariamente el más grande de la jornada, pero sí uno de los más consciente del peso de lo que estaba presenciando. Frente a la escala más explosiva de otros actos del festival, The Pogues ofreció algo distinto: una presentación de legado, sostenida por canciones que hablan de exilio, alcohol, derrota, humor, deseo y supervivencia.


La interpretación de temas tradicionales como “The Parting Glass”, “Poor Paddy Works on the Railway” y “I’m a Man You Don’t Meet Everyday” reforzó la conexión de la banda con una tradición musical anterior al punk, mientras que piezas como “Streams of Whiskey” y “Boys From the County Hell” recordaron la energía caótica que los convirtió en una referencia para generaciones posteriores.


El concierto también encajó con el espíritu de Riot Fest. En un aniversario dedicado a celebrar dos décadas de música alternativa, The Pogues representó una de las raíces más importantes de esa idea: la posibilidad de tomar sonidos antiguos, acelerarlos, ensuciarlos y convertirlos en una forma de resistencia cultural.


El cierre con “The Gentleman Soldier” dejó la sensación de una despedida ceremonial, más que de un final explosivo. La presentación no buscó competir en volumen con otros headliners del fin de semana. Su fuerza estuvo en el peso de las canciones, en la historia compartida y en la manera en que una banda marcada por la pérdida logró volver a cantar en Estados Unidos.



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