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The Smashing Pumpkins vuelve a Lollapalooza con una noche de historia e invitados

  • Writer: Conexión 312
    Conexión 312
  • 7 days ago
  • 4 min read

Updated: 2 days ago

Regresó después de 32 años con Olivia Rodrigo, Yungblud y Melissa Auf der Maur

Foto: Chad Wadsworth/Lollapalooza
Foto: Chad Wadsworth/Lollapalooza

The Smashing Pumpkins regresó a Lollapalooza como una banda que no necesita explicar su relación con Chicago. La ciudad está escrita en su historia, en sus canciones y en la forma en que Billy Corgan sigue entendiendo cada presentación local como algo más que una fecha de gira. El viernes 31 de julio, en Grant Park, el grupo volvió al festival después de 32 años y convirtió su set en una celebración de pasado, presente y permanencia.

La última vez que The Smashing Pumpkins había tocado Lollapalooza fue en 1994, cuando el festival todavía viajaba por distintas ciudades y no se había establecido como una cita anual en el corazón de Chicago. Tres décadas después, la banda volvió en otro contexto: ya no como parte de una escena alternativa en ascenso, sino como uno de los nombres que ayudó a definir el sonido de una era.


El inicio fue directo y calculado. “1979”, “Bullet With Butterfly Wings” y “Today” aparecieron de inmediato, una secuencia diseñada para atraer tanto a los seguidores de siempre como a quienes llegaron al set por curiosidad o por la magnitud del nombre. Con esas tres canciones, la banda recordó rápidamente por qué su catálogo sigue teniendo fuerza fuera de la nostalgia.


La presentación, sin embargo, no se quedó en el repaso automático de éxitos. The Smashing Pumpkins armó un set que dialogó con varias etapas de su carrera, desde Siamese Dream y Mellon Collie and the Infinite Sadness hasta material más reciente como “Edin” y “War Dreams of Itself”. Ese equilibrio permitió mostrar a una banda consciente de su historia, pero todavía interesada en tocar desde el presente.


Uno de los primeros momentos especiales llegó con Yungblud, quien se unió al grupo para interpretar “Luna”. La colaboración funcionó como un puente entre generaciones: un artista joven, claramente marcado por la tradición del rock alternativo, cantando junto a una de las bandas que ayudó a construir ese lenguaje. Su interpretación llevó la canción hacia un tono más pulido y reverente, sin romper la delicadeza original del tema.


Más adelante, Olivia Rodrigo apareció para cantar “Thirty-Three” junto a Billy Corgan en una versión acústica y más lenta. La invitación tuvo sentido dentro de la historia reciente de Rodrigo, una artista que ha mostrado abiertamente su conexión con el rock alternativo de los años 90. En el escenario, su voz añadió una emoción distinta a la canción, mientras Corgan parecía disfrutar el cruce entre su generación y una de las figuras pop más visibles del momento.


El tercer invitado trajo una carga más interna para los seguidores de la banda: Melissa Auf der Maur. La exbajista de The Smashing Pumpkins se sumó para “The Everlasting Gaze”, en uno de los momentos más intensos del tramo final. Su presencia no se sintió como un simple guiño nostálgico, sino como una reaparición natural dentro de la historia del grupo. Junto a Corgan, James Iha y Jimmy Chamberlin, el momento abrió inevitablemente la pregunta de qué tan posible sería verla nuevamente en una reunión más amplia.


La alineación actual también tuvo momentos destacados. Jack Bates sostuvo el bajo durante el set, mientras que Kiki Wong aportó una presencia fuerte en guitarra, especialmente durante “Ava Adore”, donde su solo añadió filo a una de las canciones más oscuras del repertorio.


La noche también formó parte de una especie de semana Pumpkins en Chicago. Antes del festival, la banda realizó un show de calentamiento en el Riviera Theatre y activó una tienda temporal con mercancía que mezclaba la iconografía del grupo con los Chicago Cubs. Además, la familia de Corgan estuvo presente con una activación ligada a Madame Zuzu’s, su salón de té en Highland Park. Todo eso reforzó una idea que ha acompañado a la banda desde sus inicios: The Smashing Pumpkins puede tener alcance global, pero nunca ha dejado de presentarse como una banda de Chicago.


El momento más simbólico llegó con “Tonight, Tonight”. Cantar la línea sobre la “ciudad junto al lago” en Grant Park, a pasos de Lake Michigan, ya era suficiente para cargar la canción de significado. Pero la lluvia apareció justo durante esa parte del set, cubriendo al público como si la ciudad hubiera decidido intervenir en su propio homenaje. Corgan lo tomó con humor, llamándolo una especie de fiesta disco bajo la lluvia, antes de regresar al tono sombrío con “Pentagrams”.


El cierre reunió fuerza y memoria. “Mayonaise”, “Cherub Rock” y “Zero” activaron la parte más guitarrera del repertorio antes de la aparición de Auf der Maur en “The Everlasting Gaze”. Para entonces, el concierto ya había logrado algo difícil: sonar como celebración, pero no como museo.


En Lollapalooza Chicago, The Smashing Pumpkins no solo volvió a un festival que dejó atrás durante décadas. Volvió a reclamar un lugar dentro de una ciudad que sigue siendo parte esencial de su identidad. Con invitados que conectaron generaciones, lluvia en el momento exacto y un repertorio construido con intención, la banda convirtió su regreso en una noche de historia local y rock alternativo todavía vigente.


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