Puddles Pity Party lleva melancolía, rareza y grandes covers a Riot Fest

Updated: Jul 29
El payaso cantante reunió una amplia audiencia con un set teatral

Puddles Pity Party encontró en Riot Fest un espacio ideal para su mezcla de tristeza exagerada, humor absurdo y covers reinterpretados desde un personaje tan incómodo como fascinante. Frente a una multitud numerosa, el proyecto de Mike Geier convirtió el escenario en una especie de cabaret extraño, donde la imagen de un payaso de rostro blanco contrastó con una voz profunda, afinada y capaz de sostener canciones muy distintas entre sí.
El atractivo de Puddles no depende solo del disfraz. La figura del payaso silencioso, cercano al imaginario de Pagliacci, funciona como entrada visual, pero el centro real del show está en la interpretación. Geier canta con una seriedad que vuelve extraña cada canción: lo cómico y lo melancólico conviven sin que una cosa anule a la otra.
El set comenzó con piezas como “I’m Always Chasing Rainbows” y “Come Cry With Me”, que reforzaron el tono dramático y teatral de la presentación. La selección permitió establecer el personaje antes de llevarlo hacia terrenos más inesperados, donde la comedia apareció a través del contraste entre la apariencia escénica y el repertorio elegido.
Uno de los momentos más llamativos llegó con la aparición de un payaso de Mac Sabbath, con una imagen cercana a una versión distorsionada de Ronald McDonald. Su participación en guitarra empujó el show hacia una zona más grotesca y rockera, especialmente durante la versión de “Crazy Train”, de Ozzy Osbourne.
La colaboración también se extendió a “My Heart Will Go On”, canción asociada a Celine Dion y al dramatismo romántico de Titanic. En manos de Puddles, el tema adquirió un tono más extraño, reforzado por un fragmento de “One” de Metallica, un cruce improbable que encajó con la lógica delirante del set.
El repertorio también incluyó “Estoy sentado aquí”, de Los Lobos, y “Stairway to Gilligan’s Island”, una parodia que subrayó la manera en que Puddles Pity Party trabaja con la memoria pop: no se limita a cantar canciones conocidas, sino que las desplaza hacia un lugar más absurdo, triste o incómodo.
En Riot Fest, su presentación funcionó como un respiro raro dentro de una programación cargada de guitarras, punk y nostalgia. Puddles ofreció algo distinto: una experiencia teatral donde la risa llega con incomodidad, la nostalgia aparece deformada y la voz de Geier sostiene incluso los giros más absurdos.
Más que un número de novedad, Puddles Pity Party demostró que su propuesta tiene oficio. El personaje puede parecer una broma a primera vista, pero el concierto dejó claro que detrás del maquillaje hay un intérprete con control vocal, sentido del tiempo escénico y una habilidad particular para convertir canciones familiares en escenas extrañas.




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