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Mac Sabbath sirve metal, sátira y comida rápida en Riot Fest

Writer: Conexión 312
Conexión 312
Sep 19, 2025
3 min read

Updated: Jul 29

La banda convirtió su presentación en un espectáculo absurdo de heavy metal

Foto: José Eleazar Gudiño
Foto: José Eleazar Gudiño

Mac Sabbath llegó a Riot Fest con una misión muy distinta a la de muchas bandas punk del festival. Mientras otros actos enfocaron su rabia contra gobiernos, desigualdad o conflictos sociales, este grupo dirigió su ataque hacia otro enemigo: la industria de la comida rápida.


La banda, presentada dentro de su propia mitología como llegada desde “Birmingham Burger”, Inglaterra, aunque en realidad formada en Los Ángeles, ofreció el viernes en Douglass Park un set que combinó parodia, heavy metal y teatro grotesco. Su propuesta parte de una idea tan absurda como efectiva: reimaginar el universo de Black Sabbath a través de una pesadilla de drive-thru, corporaciones alimentarias y personajes deformes inspirados en cadenas de hamburguesas.


Al frente estuvo Ronald Osbourne, una versión distorsionada de Ronald McDonald filtrada por la figura de Ozzy Osbourne. A su lado aparecieron Slayer MacCheeze, Grimalice y The Cat Burglar, completando una alineación de “mutantes” que convirtió el escenario en una mezcla de restaurante embrujado, concierto de metal y sketch de horror cómico.


El set abrió con una narración que planteó el tono de la presentación: en un mundo dominado por transgénicos y corporaciones codiciosas, hacía falta un héroe que advirtiera sobre los peligros de la cena de autoservicio. A partir de ahí, Mac Sabbath se dedicó a deformar clásicos de Black Sabbath con letras llenas de juegos de palabras sobre hamburguesas, frituras y consumo industrial.


“Sweet Beef”, su versión de “Sweet Leaf”, y “Frying Pan”, basada en “Iron Man”, fueron algunos de los momentos más claros de esa fórmula. Musicalmente, la banda se apoyó en riffs reconocibles y pesados; visualmente, lo llevó todo hacia el exceso. Hubo sonidos de vómito, pollos de utilería mutilados, una parrilla humeante y salchichas cocinadas en una sartén real, recursos que acercaron el espectáculo al terreno de GWAR, pero con una lógica más enfocada en la sátira alimentaria.


Ronald Osbourne también jugó con el público usando botellas gigantes de catsup y mostaza para lanzar agua hacia las primeras filas. Entre canciones, disparó bromas contra bandas ficticias como Cinnabon Jovi, My Morning Jack in the Box, Avenged 7-11-Fold y My Chemical Cool Ranch, extendiendo el chiste central del proyecto hacia todo un universo paralelo de rock procesado.


El caos alcanzó otro nivel cuando el vocalista se lanzó hacia el público y terminó surfeando sobre una pelota inflable con forma de Big Mac. Fue una imagen perfectamente alineada con el espíritu del show: ridícula, calculada y diseñada para que el público entrara en el juego sin tomarse nada demasiado en serio.


Pero el concierto no se quedó únicamente en la broma. Hacia el final, Mac Sabbath dejó de lado la parodia para interpretar “Paranoid” de Black Sabbath de manera más directa. El momento tuvo un peso especial tras la muerte de Ozzy Osbourne dos meses antes. Ronald Osbourne aclaró que no hacía falta decir a quién estaba dedicado el set, recordando que durante más de una década cada presentación de la banda ha sido un tributo a Ozzy y Black Sabbath.


Ese cierre funcionó porque mostró la base real detrás del absurdo. Mac Sabbath puede parecer una broma de alto concepto, pero su propuesta existe porque hay un respeto evidente por el material original. En Riot Fest, la banda logró equilibrar comedia, crítica grotesca y homenaje sincero, sirviendo un espectáculo tan extraño como efectivo.

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