Blink-182 mira al pasado en un cierre nostálgico de Riot Fest

La banda encabezó la noche del viernes en Douglass Park con invitados especiales

Blink-182 cerró la primera jornada de Riot Fest 2025 con un concierto construido alrededor de la memoria punk, la nostalgia adolescente y dos apariciones especiales que dieron mayor peso a una presentación marcada por el pasado. El viernes por la noche, en Douglass Park, la banda reunió a una multitud masiva y multigeneracional para un set que combinó clásicos, bromas recurrentes y guiños a distintas etapas de su historia.
Desde el inicio, Mark Hoppus, Tom DeLonge y Travis Barker se apoyaron en la fórmula que los ha acompañado durante décadas: canciones rápidas, humor escatológico, comentarios de secundaria y una complicidad que forma parte de la identidad pública del grupo. Sin embargo, esta vez la noche también tuvo un componente más reflexivo, especialmente por la presencia de invitados ligados a la historia de Blink-182 y a sus influencias.
El primer gran momento llegó con Matt Skiba, quien subió al escenario para interpretar “Bored to Death”. La aparición tuvo un significado especial en Chicago, ciudad de Skiba y de Alkaline Trio, banda que también se presentó ese viernes en Riot Fest. Durante siete años, Skiba ocupó el lugar de DeLonge en Blink-182, y su regreso temporal al escenario funcionó como un reconocimiento público a esa etapa.
DeLonge presentó a Skiba con palabras de agradecimiento, destacando que ayudó a mantener viva a la banda durante su ausencia. En un contexto donde el cambio de alineación fue durante años un tema sensible para los seguidores, el gesto tuvo valor simbólico, más aún frente a una audiencia local que recibió a Skiba con entusiasmo.
La segunda aparición especial conectó a Blink-182 con una de sus raíces punk. Stephen Egerton, guitarrista de Descendents, se unió al grupo para tocar “Hope”, cover que la banda ha interpretado durante años. Hoppus lo describió como un momento de “bucket list” para Blink-182, mientras DeLonge reconoció la emoción de compartir la canción con uno de los músicos que formó parte de las bandas que los influenciaron.
Ese tramo fue uno de los más fuertes del concierto. Más que un simple cover, “Hope” funcionó como puente generacional entre los referentes del punk melódico y una banda que llevó ese lenguaje a una escala masiva. Para un festival como Riot Fest, donde conviven distintas generaciones de fanáticos del punk, el momento encajó de manera natural.
El repertorio estuvo claramente orientado hacia los años más reconocibles de Blink-182. Canciones como “The Rock Show”, “First Date”, “Josie”, “Anthem Part Two”, “Dumpweed”, “Feeling This”, “I Miss You”, “What’s My Age Again?” y “All the Small Things” sostuvieron la respuesta del público durante la noche. La selección reforzó la idea de una presentación pensada para quienes buscaban reconectar con una etapa específica de la banda.
Esa decisión también dejó una ausencia notable: el grupo no incluyó algunos de los temas más importantes de su material reciente, como “Edging” o “One More Time”. El set, más que presentar una fotografía actual completa de Blink-182, pareció enfocado en mirar hacia atrás y reafirmar los puntos de contacto más conocidos con su audiencia.
El humor siguió siendo parte central del show, aunque por momentos tuvo la sensación de terreno familiar ya recorrido. Las bromas entre Hoppus y DeLonge, los comentarios irreverentes y la provocación constante forman parte del ADN de la banda, pero también pueden sentirse repetidos para quienes los han visto recientemente en escenarios grandes de Chicago.
Aun así, Blink-182 logró cerrar la noche con una imagen efectiva. Durante “Dammit”, mezclada con un fragmento de “No Scrubs” de TLC, una enorme figura de dedo medio ardió en llamas detrás del escenario. El gesto funcionó como remate visual y como chiste final para una jornada que también había incluido actos de tono humorístico como Weird Al y Mac Sabbath.
En su tercera aparición dentro de la historia de Riot Fest, Blink-182 entregó un cierre diseñado para una audiencia que quería cantar el pasado en voz alta. La presentación no apostó por la renovación ni por el riesgo, sino por la familiaridad, los himnos y el reconocimiento entre generaciones. Con Skiba, Egerton y un repertorio lleno de anclas emocionales, la banda convirtió Douglass Park en una celebración de su propia historia.




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